LAS BODAS EN LA MONTAÑA

SAN PEDRO DE SOBA.- Boda de la señorita Fausto.- La feliz pareja subiendo al automóvil que a de conducirlos a la Iglesia.

En dos ocasiones rompen los pacíficos moradores de estos apartados pueblos de la Montaña su monótona y tranquila vida aldeana: el día de la fiesta del pueblo, y cuando se celebra da que boda de tarde en tarde. En ambas ocasiones gozan y se divierten a su modo. Y no es extraño, pues quien pasa un día y otro, dedicado a los mismos quehaceres, cuidando de la tierra, de la vaca, de la oveja, justo es que aproveche dos o tres días al año para solazarse cándidamente. En un día de fiesta con pito y tamboril y un pedazo de carne más en la olla – el que puede llegar a él – gozan estas pobres gentes más, mucho más, que los habitantes de las grandes poblaciones en semanas enteras de ferias, toros, cines y teatros.

Una boda, que pasa desapercibida en las villas y ciudades, constituye en estos pueblos un acontecimiento importante. Niños, jóvenes y viejos se lanzan a la calle ávidos de diversión y fiesta, sobre todo si, cual sucedió con la celebrada en este pueblo hace poco se la reviste de gran solemnidad, aumentada con el espléndido  donativo hecho por la novia a los vecinos más necesitados para que mejor pudieran celebrarla.

San Pedro de Soba, marzo de 1917.

N. C. CORTÉS.

La Montaña: revista semanal de la colonia montañesa; Año II Número 20 – Habana 19 de Mayo de 1917.