EL VALLE DE SOBA

Una excursión

Puede asegurarse sin temor de incurrir en exageraciones, que muchos, muchísimos montañeses no conocen el sinnúmero de bellezas, los incomparables atractivos que, explotados con el acierto de otras partes, podrían constituir, seguramente, un nuevo vivero de riqueza tan positivo como necesario.

Encerrados casi todos nosotros entre las cadenas de montañas que circundan esta ciudad, desconocemos, mejor dicho, ignoramos los prodigiosos encantos con que la naturaleza adornó el suelo de la patria chica, que solo conocemos, cuando más, por las admirables descripciones que de ella ha hecho el incomparable maestro en la novela, D. José María de Pereda.

Uno de los lugares donde la Providencia quiso, sin duda, derramar sus bellezas, es el valle de Soba, soberbio escenario donde aparece lo grandioso junto á lo ideal, lo incomparable aunado con lo hermosísimo.

Sólo viendo aquel magnífico panorama que la naturaleza muestra al viajero asombrado, como diciéndole:-Vé en mí una manifestación debilísima de la grandeza de Dios,-puede comprenderse en todo su valor lo encantador de aquellos lugares, capaces de inspirar al artista de menor aptitud, páginas y lienzos que inmortalizarán su nombre. Porque hay allí tanto que copiar, que entender, que difícil sino imposible es dejar un sitio, un palmo de terreno sin trasladarlo al cuadro ó al libro, siquiera el traslado no sea más que un ligero destello de cuanto se siente y piensa ante la vista de tal magnificencia.

Allí, junto á la altísima y soberbia mole de piedra que alza sus picos hasta perderse en el espacio como si quisiera oponer una fortaleza inexpugnable que defendiera los pueblecitos que á sus piés se cobijan, vénse campiñas, ornadas de verdura, esmaltadas de árboles, cruzadas por ríos, espejos purísimos donde se mira aquella naturaleza encantadora, grande, admirable, asombro de quien la ve alumbrada por el espléndido sol de un día de verano.

Nada falta en aquel paisaje sublime. En la cima de la montaña la catarata que nace y se desploma desde altura grandísima; al lado del frondoso bosque, el río manso, tranquilo, que parece recrearse bañando aquellos sitios; cerca del lugar árido y abrasado por un sol de fuego. el verde oasis, la sombra de la secular encina ó del fresno resistente y robusto.

Y como compendio de todo esto, pueblecitos encantadores de casas modernas en su mayoría, colocados, ya en el rincón de una montaña, en la cúspide de una loma, junto al río, detrás de una colina, en cualquier escalón de una cañada; pero todo respirando alegría, belleza, todo de un efecto sorprendente, inenarrable.

Hasta el águila tiende su vuelo por encima de aquella cadena de montañas, y en ellas hace su nido, muestra de su predilección por aquellos sitios. Yes que lo grande busca á lo grande y nada puede serlo mayor para la reina de las aves que una naturaleza soberbia é imponente y á la vez poética y arrobadora: que esto y no otra cosa es el valle se Asón, en el Ayuntamiento de Soba.

Todos cuantos pueblos forman aquel conjunto encantador son de un efecto sorprendente; pero en el que más se detiene la vista es en el de Astrana que, colocado sobre una loma y teniendo á sus pies un valle extenso, lleno de verdura, sombreado por árboles, parece más bien creación de un sueño que una obra ejecutada por la mano del hombre,

Astrana, que se destaca agradablemente desde la carretera, presenta el más hermoso golpe de vista que puede imaginarse con sus casitas casi nuevas, de fachadas blanquísimas, diseminadas aquéllas con encantador desorden sobre el tapiz de esmeralda que se extiende hacia la montaña y el valle, digno cimiento de pueblecito tan bello y sorprendente.

Pues bien, todos estos parajes, fueron visitados ayer por distinguidos excursionistas, entre los que se encontraban el expresidente de la Diputación D. Francisco Sainz Trápaga; el que lo es actualmente D. Manuel Arredondo, D. Baldomero Sainz Trápaga; D. Federico Saiz; el ingeniero industrial señor Cagigas; D. José y D. Ramón Sainz Trápaga; D. José Luis García Obregón, diputado provincial y otras distinguidas personas.

El viaje se efectuó desde Santander, en el primer tren de la mañana, dirigiéndose los excursionistas, en coches, al bosque de la Gándara, saliendo de Gibaja, distantes entre sí estos dos pueblos, unos veintitrés kilómetros.

A la salida visitaron Ramales, Valle, Ogarrio y Riva, haciendo un descanso en Arredondo, cuyo pueblo recorrieron algunos excursionistas, mientras otros descansaban en el parador de Domingo Abascal.

Vieron el pueblo, que es muy bonito, y visitaron la iglesia, amplia y de estilo corintio, cuyo pórtico amenaza ruina, lo cual es una lástima.

Recorrido el valle de Asón, bellísimo panorama de incomparable magnificencia, llegaron al alto de Los Collados, donde se les sirvió una espléndida y suculenta comida.

Terminada ésta contemplaron algunos pueblecitos que desde allí se ven perfectamente, llamándoles extraordinariamente la ateción el de Quintana, admirablemente situado, de calles alineadas, de aspecto bonito y de casas modernas, algunas de ellas de gran valor. En esta pequeña excursión fueron acompañados por el virtuoso é ilustrado sacerdote D. Pedro Peña y Media, párroco de Cañedo, por el juez municipal D. Pedro Zorrilla, el maestro de dicho pueblo D. Francisco Sáiz Peña y el notable médico D. Domingo López.

El retorno hicieron los excursionistas por la carretera central del valle de Soba, visitando los pueblos de Hazas, Veguilla y Regules, deteniéndose en este último punto á admirar el pueblo, muy bonito por cierto.

En el camino examinaron las obras que se están llevando á cabo en Vao de San Juan para establecer la luz eléctrica en la Nestosa, Carranza y Ramales, á donde llegaron á las siete de la tarde.

Durante el trayecto, fueron objeto los excursionistas de toda clase de atenciones.

En en tren de las siete y media, que sale de Gibaja, regresaron á Santander los expedicionarios que, seguramente, guardarán un gratísimo recuerdo de la excursión hecha ayer al valle de Soba.

La Atalaya – Diario de la mañana – Año V – Número 1636 – 23 de Julio de 1897.